“Me pueden meter presa pero no callar”

La ex presidenta habló durante casi una hora luego de entregar un escrito a Bonadio, a quien recusó. Criticó al Gobierno, a la Justicia y convocó a formar un frente ciudadano. La acompañó una multitud que comenzó a congregarse desde la noche anterior

 

 

El clima dio el marco cinematográfico ideal. La multitud, medida en decenas de miles de personas, conformó el escenario. La circunstancia, una citación judicial por una causa improbable, proveyó la excusa justa para que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner rompiera cuatro meses de silencio. Lo hizo luego de prestar declaración indagatoria por escrito ante el juez Claudio Bonadio, en su despacho en los tribunales de Comodoro Py, minutos después de las 11 de la mañana, bajo una llovizna ligera pero insistente. “Quiero en primer lugar que estén todos tranquilos. Me pueden citar veinte veces más, me pueden meter presa, pero no me pueden callar”, arrancó su discurso que fue celebrado como un gol.

“Se la pasaron buscando la ruta del dinero K pero encontraron la ruta del dinero M”, dijo luego en otro pasaje festejado del mensaje, a propósito del affaire de las empresas offshore, apuntando contra el oficialismo y los medios de comunicación hegemónicos. “Cada uno de estos procesos moralizadores venía por los derechos que habían conquistado millones de argentinos”, agregó, en un descargo sobre su situación judicial. “Los paladines de la moralidad están en la tapa de todos los diarios del mundo... menos de la Argentina”, agregó.

La ex mandataria también convocó a conformar un “frente ciudadano” para “defender los derechos arrebatados” durante los primeros 120 días de gobierno de Mauricio Macri, en un mensaje que pareció apuntar tanto a quienes acudieron a Retiro para escucharla como a los dirigentes de los espacios que conformaron el Frente para la Victoria y que, desde diciembre, no terminan de encontrar el rumbo.

En otro párrafo muy crítico hacia el actual gobierno, acusó al presidente Mauricio Macri (a quien no mencionó ni una vez por su nombre) de “no ser respetuoso con la voluntad popular” ya que fue electo prometiendo que “no iba a haber devaluación, no iba a haber despidos, no iba a haber ajuste” y luego hizo lo contrario. “Yo no quiero interesarme solamente por el 49 por ciento, sino también por el 51 que lo votó. Ellos lo votaron creyéndole. No se enojen porque eso nos divide”, agregó.

Desde la noche del martes había comenzado la vigilia frente a los tribunales federales, y durante la madrugada la ciudad de Buenos Aires y el conurbano fueron surcados por columnas de manifestantes organizados o sueltos que se movilizaron para apoyar a la ex mandataria el día de su primera citación judicial. Las banderas de todos los colores alternaban con paraguas recortados sobre el cielo encapotado.

Para las 10, cuando CFK llegó a Comodoro Py, el espacio que se había previsto para la movilización, sobre esa avenida y frente a un escenario montado de sorpresa pocas horas antes, ya estaba completamente rebalsado y la marea humana se desbordaba sobre la Plaza Canadá y la avenida Antártida Argentina, mientras de cada tren, subte y colectivo que pasaba por Retiro bajaba un grupo numeroso de personas cantando para sumarse a la multitud.

La audiencia tuvo lugar en un despacho del cuarto piso del edificio. Cuando llegó la ex presidenta, junto con su abogado, Carlos Beraldi, la recibió el fiscal Eduardo Taiano. Bonadio ingresó al despacho un rato más tarde. La Presidenta realizó una breve exposición oral y se negó a responder preguntas del juez, ya que eso, aseguró, “no haría más que convalidar su manifiesta arbitrariedad, ilegalidad e incompetencia”.

Cuando se le leyó la acusación, que la responsabiliza de ser parte de una asociación ilícita, ella interrumpió la lectura para aclarar que “la única organización” en que ha tenido participación fue “la del Poder Ejecutivo Nacional en carácter de titular en dos oportunidades”, además de “ser afiliada” al Partido Justicialista. La denuncia que pesa en su contra “no tiene ningún asidero jurídico ni técnico”, agregó a continuación: “No me extraña dada la manifiesta incompetencia técnica de Su Señoría, así como también la manifiesta aversión política que tiene sobre la suscripta”.

Finalmente, Fernández de Kirchner presentó dos escritos: uno con su declaración indagatoria y el otro pidiendo la recusación de Bonadio por los motivos que había explicitado durante la audiencia. Antes de firmar el acta solicitó que agregaran su apellido de casada al documento, donde sólo figuraba como Cristina Fernández. En total, todo duró menos de una hora.

Afuera, la multitud estalló en aplausos cuando la voz que tronaba en los altoparlantes anunció que ya había concluido el trámite judicial. La espera, matizada por los éxitos de siempre: “Juguetes perdidos”, de los Redonditos de Ricota, “Avanti morocha”, de Caballeros de la Quema, “Un día perfecto”, de Estelares, se estiró unos minutos más porque la ex presidenta se detuvo varias veces en los pasillos del juzgado para tomarse fotos con empleados judiciales que se lo solicitaron.

Dos de ellos habían colgado de un balcón del edificio una bandera con el rostro de Enrique De Pedro –padre del diputado Eduardo “Wado” De Pedro–, empleado judicial y desaparecido por la última dictadura. La agrupación sindical que lleva su nombre le regaló a la presidenta una remera, que ella exhibió a la multitud reivindicando su figura.

“Reflexionemos juntos, recordando la historia y verán que no es el único caso de una ex presidenta perseguida”, continuó, recordando los golpes de Estado y las persecuciones judiciales a Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo y Eva Perón. “No se podrían haber consumado los atropellos y la desgracia sobre tantos argentinos sin la complicidad del Poder Judicial”, desafió, a la sombra del monolítico edificio de los tribunales federales.

Los poderes judiciales también “arrasaron con derechos, garantías y libertades” e hicieron “entregas vergonzosas de la soberanía nacional”, recordó. “Ni que hablar de los decretos prohibiendo decir Perón o peronismo. Estoy segura de que si pudieran prohibir la letra K del abecedario lo harían –agregó–. Luego, la historia de 18 años de proscripción, se encarcelaron a funcionarios y a importantes empresarios.”

Al respecto, la mandataria recordó que “la Conadep denunciaba esa suerte de inquisición que se apropió de bienes” de quienes debía juzgar. “Algunos casos, como el caso Graiver y Papel Prensa, siguen adentro de este edificio. Adentro de este edificio, en algún cajón o basurero, siguen los expedientes de la familia Graiver que aún espera justicia”, señaló Fernández de Kirchner, en otro de los momentos más calientes de la mañana.

Recordó la polémica abierta en algún momento de la campaña sobre la posibilidad –se decía que buscaría una banca en el Parlasur– de que se postulara a un cargo legislativo para conseguir fueros y eludir los requerimientos judiciales. “No necesito fueros porque tengo los fueros del pueblo”, lanzó.

Luego, apuntó sus cañones contra el doble estándar de “los paladines de la moralidad” a la hora de juzgar a líderes populares o a dirigentes de espacios que son cercanos a los intereses de las grandes empresas de medios. “Estamos en la tapa de todos los medios internacionales menos en los de Argentina. Intentan tapar el sol con las manos”, observó CFK.

El backstage del escenario desde el que habló la ex presidenta estaba poblado de dirigentes de distintos sectores del Frente para la Victoria que se acercaron a brindar su apoyo, algunos de ellos marchando a pie junto a columnas de militantes de sus respectivos espacios. Los diputados y senadores que acudieron a la concentración lo hicieron en un micro luego de reunirse temprano frente al Congreso.

La amplitud de dirigentes convocados era tal que coincidieron en el mismo lugar, por primera vez desde agosto del año pasado, el ex presidente de la Cámara baja, Julián Domínguez, y quien fuera su rival en la agitada interna bonaerense del peronismo, el ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández. Hubo representantes del sindicalismo, de organismos de Derechos Humanos, de todos los partidos que conformaban la coalición de gobierno, desde el PJ bonaerense, representado por Fernando Espinoza y una veintena de intendentes, hasta el Partido Solidario.

A ese variopinto conjunto pareció hablarle cuando planteó la necesidad de establecer un “frente ciudadano en el que no se le pregunte a nadie a quién votó, ni de qué partido es, si es jubilado o no, si paga ganancias” sino que “se le pregunte cómo está ahora, si está peor que antes” porque ese debe ser “el punto de unidad” de la oposición. “Creo que este frente ciudadano debe exigirle a este Congreso que se convierta en una escribanía del pueblo y de todas las conquistas adquiridas”, agregó.

Aunque sostuvo que hay que tener cuidado de “los que dicen que van a hacer una cosa, pero hacen otra cosa en las bancas” ya que “las instituciones exigen que cada uno represente el voto que lo llevó a esa banca”, tendió una mano al grupo de diputados que abandonaron en estos meses el FpV cuando un grupo de militantes comenzó a insultar al diputado Diego Bossio. “Así no van a convencer a nadie”, los retó. Más tarde insistió: “La palabra traición es una palabra fuerte. Hay algo que veo por cómo se mueve el gobierno, creo que hay muchos que tienen miedo. Son carpetazos”.

Ya eran pasadas las 12 cuando, detrás del escenario, sobre el río, el sol salió por primera vez en muchos días para terminar de darle un matiz hollywoodense a toda la escena. Por la hora y el aroma que emanaba de los carritos improvisados, varios masticaban choripanes y hamburguesas mientras la ex presidenta concluía su discurso, que duró casi una hora. El calor y la humedad que empezaba a levantarse del asfalto mojado perlaba los rostros de cientos de miles que escucharon en silencio y estallaron recién después de que terminara.

 

La ex presidenta abandonó rápidamente el lugar y un rato más tarde llegó al departamento donde vive en Buenos Aires, donde aun después del trámite judicial permanecía una guardia de militantes apostados a la espera de un saludo en el balcón, que terminó teniendo lugar por la tarde. Antes de la noche, volvió a visitar a su hija Florencia y su nieta Helena en la casa en la que viven, en el barrio de Constitución. Desde el entorno de CFK no informaron si permanecerá en la ciudad algunos días más o si regresará inmediatamente a El Calafate.

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